LEVADURA FRESCA “Marién”

Marién se dirigía a casa después de una larga jornada amasando harina de trigo y espelta en la pequeña panadería que le había dejado su padre. Trabajaba desde muy temprano para poder mantenerla. Convivía con balanzas de precisión y levaduras frescas. Desde el mostrador repleto de tartas, dulces y pan recién hecho, vivía ajena a todo lo que le rodeaba, y que no fueran hornos de leña.

Martín hacía ya mucho que había vuelto al barrio. Esa tarde había quedado con Raúl, para tomarse unos vinos y contarle sus novedades después de tantos años fuera. Su trabajo en la petrolera, su vida de casado y posteriormente divorciado, era con el único amigo que mantenía contacto, con los otros por circunstancias de la vida se había distanciado.

Marién caminaba por el casco viejo un tanto cabizbaja, sólo se oían sus pasos. De repente se topó con Martín, la única persona que se encontraba en aquella calle andando en sentido contrario. Al chocarse, el paraguas de Marién cayó al suelo. Fue inevitable no mirarse. Él educadamente le preguntó, ¿está Ústed bien?, ella tímidamente asintió.

Por un momento, fue capaz de olvidarse de pasteles, masas y hojaldres.

Marién atraída por aquella voz dulce y melosa, se quedó absorta, sin importarle que la incesante lluvia de aquella fría tarde, le estaba calando hasta los huesos.

Photo by Klaus Nielsen on Pexels.com

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