LA ESTACION

El tren se detiene en la concurrida y antigua estación de 1823. El revisor de aspecto bajo y barrigudo se cruza con los pasajeros que suben y bajan del vagón. Personas que sin conocerse comparten por unos momentos asiento, andén y banco.

Una niña de pelo rizado y rasgos muy marcados, está apoyada en la ventana observando todo lo que ocurre a su alrededor.

Le llama la atención unos niños de unos tres y seis años, que están correteando con su madre detrás gritándoles. Se queda mirando a una señora de pelo corto un tanto enjuta y esmirriada que camina lentamente, en su rostro se refleja el cansancio y el desgaste por el paso de los años.

Se fija también en un hombre que está sentado en uno de los bancos situados en medio del andén. Tiene la frente arrugada y las cejas muy pobladas. La niña desde el interior del vagón, intenta leer la portada del viejo libro que el Señor está sujetándo en sus manos.

El bar de la estación hace ya horas que ha levantado su persiana. En una de las mesas dos jóvenes enamorados están demostrándose lo mucho que se quieren sin importarles apenas nada.

En el exterior se oye de nuevo el silbido del tren indicando que está a punto de iniciar su marcha. El revisor se sube al vagón a la vez que mira a izquierda y a derecha. La máquina se aleja escuchándose únicamente el chirrido de los raíles quedándose la estación vacía y desierta.

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