CABAÑA VOL. 3 “La casa abandonada”

Tendríamos entre diez y doce años. Por aquel entonces solíamos ir a la casa abandonada, así la llamábamos. Era uno de nuestros lugares preferidos en donde pasábamos tardes enteras jugando entre escombros, runas y polvo. Aquella casa había pertenecido a una familia adinerada, formada por un matrimonio con cinco hijos. El padre se dice que era adicto al juego y por su mala cabeza, lo llegó a perder todo, incluso su casa. Mientras correteábamos por las habitaciones destrozadas sin puertas ni ventanas, con las paredes medio derrumbadas, en las que aún se podía apreciar el papel a tiras medio roto con el que estaban decoradas, nos imaginábamos cómo habría sido la vida de aquella familia tan rica y a la vez tan desgraciada.

Nos subiamos al tejado con esmerado cuidado y caminábamos lentamente para no romper las pocas tejas que aún quedaban. Desde allí saltábamos a un pequeño monte que estaba enfrente para ver quién volaba más alto.

Un día sin comerlo ni beberlo, nos sorprendieron dos chicas que por sus pintas parecían más mayores. Les gustaba dejarse ver por la casa abandonada, para fumarse unos pitillos y beberse un par de cervezas enlatadas.

Para ellas jugar a ser detectives por las habitaciones y estancias de la casa era un juego un tanto infantil y desfasado, preferían interactuar con el más allá, así nos lo transmitieron. Por desgracia para nosotr@s, aprovechándose de nuestra inocencia y escepticismo nos convencieron para llevar a cabo una sesión de espiritismo.

En un momento, el tinglado ya estaba montado. Ouija, vaso, tijeras y velas encendidas por todos lados.

Entre historias de espíritus y fantasmas el vaso se movía en busca de cualquier letra de las que allí figuraban.

Mis primos y yo agarrados de las manos con un ojo abierto y otro medio cerrado, no sabíamos a que nos enfrentábamos. Varias presencias se percibían, y varios ruidos incesantes se escuchaban por toda la casa. El vaso se deslizaba sujetándolo con nuestro dedo índice. A alguno de nosotr@s incluso se le cayó alguna lágrima.

De repente sin estar invitado a la fiesta, apareció por la puerta un hombre, que por casualidad o no, se llamaba igual, que el nombre que nos había mostrado hacia dos segundos la tabla. Agradezco enormemente que entrará de forma inesperada aquel señor, se llamara como se llamara. Aquel hombre de carne y hueso era el padre de una de ellas que llevaba un rato merodeando por los alrededores buscándola. Con semejante susto y por suerte para todos, la sesión de espiritismo se dio por acabada.

Estuve días sin pegar ojo pensando en espíritus buenos y malos, hasta que pude explicarlo y así liberarme de un miedo que me invadía todas las noches. Siempre me han dicho que los fantasmas y el miedo no existen. Juzguen ustedes mismos, con o sin tabla.

Photo by cottonbro on Pexels.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s