LEVADURA FRESCA “Raúl”

Un tipo peculiar, extravagante y especial.

En su taller de la calle Queralt se pasaba las horas y los dias plasmando a través de colores, formas y trazos una inacabable serie de sensaciones que sólo él sentía y entendía.

Ilusionado por la reapertura de la Galeria, llevaba días decidiendo como organizaría su tan anhelada exposición. La Galería constaba de seis salas, tres situadas en la primera planta y las otras dos en la parte superior. Muy luminosa, amplia y diáfana. Su obra tenía pensado ubicarla en la sala de arriba, el resto de cuadros pertenecientes a otros artistas se repartirían entre las diversas salas.

Martín había recibido la invitación hacia días. Salió de casa y cogió un taxi.

_¡Hola buenas! a la calle Reig esquina tramuntana_

El taxista puso el taxímetro a cero y giró la primera calle a la derecha. Mientras se dirigía a la galería iba contemplando la ciudad con la mente en blanco.

Después de veinte minutos llegó a la galería, las puertas estaban abiertas y los asistentes iban llegando. Martín pagó su carrera y se bajó del taxi. Llevaba un pantalón azul oscuro y una camisa blanca, su pelo ondulado y engominado le daba ese aire a señorito andaluz que tanto le gustaba.

Entró y se acercó a Raúl que estaba hablando con otros asistentes, este enseguida lo reconoció,

¿Martín qué tal? ¡ven! te presento, los saludos invadieron el ambiente.

¡Oye, qué bien que hayas venido¡ ¿Quieres una copa de vino?

Se acercaron a una mesa que estaba repleta de Canapés y bebidas. El camarero iba sirviendo, al tiempo que rellenaba las cubiteras de hielo.

Te felicito Raúl, enhorabuena por la exposición, espero que sea la primera de muchas.

Los invitados iban entrando. Martín se paseaba por la sala principal contemplando las obras en busca de algún cuadro interesante.

Subió a la planta de arriba y se quedó observando uno en concreto. Los colores se entremezclaban, las tonalidades rojizas y anaranjadas le llamaron la atención, en el medio se desdibujada un bisonte ennegrecido. Se fijó en el título del cuadro “La furia”, definitivamente lo había encontrado.

Se dirigió a la parte inferior y mirando hacia la puerta, de repente vio entrar a una mujer vestida de rojo, le recordaba a alguien, enseguida se acordó, se había topado con ella hacia meses, era la Señorita Eme. Su corazón empezó a latir fuertemente. Bajó los dos últimos escalones lentamente y se quedó en un rincón viendo como ella saludaba efusivamente a su amigo. Sin duda, la belleza de Marién le dejó sin palabras.

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